El dulce zumbido

Una abeja se posa sobre una planta de piña en una plantación en Santo Domingo de los Colorados, Ecuador. Aquí, empresas medianas y grandes producen frutas tropicales como la piña para los mercados locales e internacionales. La mayoría de ellos se cultivan como monocultivos. Representan una fuente de ingresos y alimentos para las familias de la zona. Foto de Karla Gachet.

¿Qué está haciendo un apicultor en el centro de Milán?

Es un lunes de fines de marzo, hace calor. En el parque Segantini, entre los árboles de la zona naturalista que pintan de verde con los primeros brotes de la primavera, un grupo de voluntarios sigue de cerca a Luciano Mazzola que ha traído cuatro colmenas.

Luciano Mazzola muestra un panal con muchas abejas.

Dos familias producirán miel, y las otras dos servirán también para el monitoreo de la calidad del aire que se realizará gracias a la colaboración con los investigadores de la Universidad Católica de Piacenza.

El proyecto se llama BeeResponsible y está financiado por empresa Dyson que ha encontrado un modo inteligente de hacer la actividad social corporativa.

Un pequeño grupo de personas interesadas ​​seguirá un curso con Luciano y lo acompañará durante las visitas de cuidado de las colmenas. Si todo sale bien, al final de este año de experimentación, las colmenas permanecerán en el parque Segantini. Aquí se podrá degustar la miel de las flores del parque y también de los balcones de los milaneses.

Las abejas se alimentan de flores que están en un radio de 3 km así que todo el que tenga una flor en su balcón puede ayudar a alimentar a estas fascinantes criaturas que, además de producir miel, polinizan las plantas mejor que cualquier otro insecto.

Una vez trasladadas las colmenas, los curiosos se transfieren bajo la pérgola de uno de los huertos del parque para escuchar una lección sobre la vida de las abejas y la gestión de una colmena. Las edades del público son diversas. Incluso hay un niño que le pregunta a su madre cuando no entiende; siente que se está hablando de algo importante.

En el Parque Segantini, Luciano cuenta sobre la vida de las abejas y el manejo de una colmena.

¿Sabían, por ejemplo, que Europa prohibió en 2018 los pesticidas neonicotinoides muy usado en la agricultura que matan también a las abejas? Por lo tanto, esperamos volver a ver más colmenas en el valle del Po.

Luciano nos explica que las abejas en su transcurso evolutivo han aprendido a comunicar la posición de las flores a sus compañeras gracias a una “danza” con la que explican en qué dirección y a qué distancia se encuentra el banquete. Se orientan con la posición del sol. En YouTube se pueden encontrar videos que explican e interpretan esta “danza”.

Descubrimos también que las abejas en sus dos meses de vida llevan a cabo una rotación de los trabajos de la colmena: en las primeras semanas realizan labores domésticas de limpieza y cuidado de los huevos, luego la guardia de la puerta, y finalmente, cuando son maduras y bien adiestradas a los olores salen a buscar néctar de flor en flor.  

European honey bee: Apis mellifera (collector)

La reina en cambio, vive hasta cinco años y, después del vuelo nupcial en el que es fecundada por una docena de zánganos (que mueren después del acto), pone huevos durante toda su vida.  

Los golosos de miel estarán interesados en saber que algunos frascos que se venden a precios muy bajos pueden contener algo que no es miel. De hecho, la miel para ser considerada como tal, debe ser producida por las abejas que pasan el néctar de boca en boca en una práctica llamada trophallaxis que enriquece el néctar con enzimas que además permiten que las abejas que no salen de la colmena se alimenten.

Luciano y Paolo preparan las cuatro colmenas que serán huéspedes del Parque Segantini.

Otras abejas abanico ayudarán a reducir la humedad del néctar por debajo del 18% para convertirlo en miel, un alimento que se puede almacenar durante mucho tiempo.

En algunas partes del mundo, se permite recolectar el néctar de las colmenas y transformarlo en miel en fábricas con la adición de azúcar, que por obvias razones produce un alimento mucho menos nutritivo y equilibrado.

La subespecie criada en Italia se llama abeja ligustica y es conocida en todo el mundo por ser gentil y no agresiva, así que no hay que tenerles miedo.

Luciano antes de dejarnos son recomendó un libro: “Abejas: un mundo biológicamente extraordinario” de Jürgen Tautz que combina un enfoque práctico con uno más filosófico acompañado de fotos hermosas.

La reunión se acabó. Es el atardecer y nos vamos con una sensación de armonía e interconexión entre nosotros, las abejas y las flores. Esta noche en casa miraremos la flor del balcón con ojos nuevos. Sabremos que estamos involucrados en el mundo de las abejas y que colaboramos con ellas en la difusión de las plantas y la salud del planeta.

Abeja alimentándose de una flor de espino blanco (Crataegus monogyna).

Este es el primero de una serie de posteos donde hablaremos de abejas, ¡manténganse atentos!

Por Xavier Vigorelli

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